Rescate Psicológico en el Torrent de Pareis

Estaba en Mallorca, ilusionado con descender el Torrent de Pareis. Significaba adentrarme en una nueva zona natural por descubrir y, por lo que había leído, parecía ser toda una aventura. Me habían recomendado prudencia, pero en esta época del año (verano) no parecía ser necesario un equipamiento especial, ni cuerdas, así que preparé la mochila con agua y comida, un botiquín, la navaja, el gps y la cámara de fotos pequeña, alguna camisa de recambio y poco más. La buena o mala preparación de una ruta es la clave para disfrutarla o bien no poder completarla, cuando no algo más serio. Así que esperaba haberlo hecho bien.

Tenía un cierto respeto. Había leído que no conviene descender el Torrente sin un guía experimentado, y sólo en época estival, sin lluvia. Por lo visto todos los años hay incidentes y se han de realizar rescates. También me sorprendía que para hacer una ruta de sólo 8 Km. (y todos de bajada), la duración estimada fuese de 4 horas. Una media de 2 km/h en un descenso significa que iba a ser dura.

Otra cuestión a pensar era la logística, ya que el coche se deja en un punto y volver a él puede ser complicado. Ruth, que había hecho esta ruta unos meses, antes me comentó que había autobuses de regreso, pero sólo hasta una hora relativamente temprana, como las 5 o las 6 de la tarde. Debería haber revisado esta información, pero no lo hice. Pensé que, en el peor de los casos, podría hacer auto-stop de regreso hasta la carretera, por lo que dejé el coche en la unión de carretera principal de la Sierra con la bajada a Sa Calobra. Esto supondría hacer unos 3,5 kms adicionales, aproximadamente una hora más, pero me facilitaría el regreso.

Este recorrido inicial es por carretera. Aunque los coches no van deprisa, hay que tener cuidado con los autobuses, que llevan grandes cantidades de turistas a la cala de Sa Calobra, al final del Torrent. Desde allí, muchos toman un barco hasta el Puerto de Sóller, o viceversa.

Ya cerca del inicio de la ruta hay un mirador con una vista impresionante, desde el que se aprecia un gran corte en la montaña. Es la zona superior del Torrent. En un rato estaría allí abajo.

El cañón desde arriba

Corte del Torrent de Pareis, desde un mirador

En Escorca hay un cartel, un tanto deteriorado en el que se aprecian algunas advertencias de seguridad, como llevar agua suficiente por el peligro de deshidratación, o llevar neopreno en invierno. También se advierte de que la duración de la ruta es de unas 4-5 horas. Está bien este aviso, ya que es una última advertencia de no entrar en él si no se va bien preparado.

A los pocos minutos de cruzar la vaya, el camino comienza a bajar en las estribaciones del cañón. El descenso se realiza por un camino bien marcado y pedregoso. La inclinación se hace cada vez más pronunciada y el camino es un zigzagueo continuo hasta llegar al torrente. Debido al zig zag, hay posibilidades de “atajar” descendiendo verticalmente, pero eso no era demasiado bueno para mis rodillas, así que opté por evitarlo. Conforme vas descendiendo, el calor se va incrementando, debido a la altitud, a que va avanzando el día y a que el interior está protegido del viento.

 

La pendiente aumenta progresivamente, por lo que comenzaba a entender la baja velocidad media de 2 km/h. Aún así estaba contento porque me estaba acercando a buen ritmo a la base del torrente e imaginaba, equivocadamente, que a partir de ese momento la ruta sería mucho más sencilla, (hasta el momento estaba descendiendo una de las paredes del cañón, por lo que el torrente sería más sencillo). Acertaba en lo del ángulo de descenso, pero no sabía cuánto me equivocaba respecto a la complejidad, ya que lo difícil empieza allí abajo.

Descenso hacia el Torrent

El descenso es muy vertical, con múltiples "Zetas" en el camino

El cauce del Torrent parece fácil cuando llegas a la base, ya que la parte que aparece a la vista es llana y sin grandes piedras. Al girar a la izquierda, para adentrarte en él, las rocas que ves ya son mucho mayores. Es el comienzo de un sorprendente caos pétreo, que va ganando en belleza conforme te adentras en el cañón.

En esta zona el camino es aún fácil de seguir y transcurre a la izquierda del cauce, sorteando dificultades y atravesando una zona de vegetación alta, que nos lleva a la primera impresionante pared volada, causada por la erosión del torrente durante miles y miles de años.

No pasa mucho tiempo en el interior del cauce para que las paredes a derecha e izquierda se acerquen la una a la otra y se hagan más impresionantes, haciéndote sentir cada vez más pequeño, a la vez que el camino se vuelve difícil de seguir. Las marcas no siempre están claras y progresivamente hay que ir superando obstáculos de mayores dimensiones.

Después de un buen rato caminando por el lecho del río, miras atrás y piensas, mejor no tener que volver por ahí. Sigues adentrándote y la paredes, completamente verticales a izquierda y derecha te van sobrecogiendo y trasladando a otro mundo. No queda nada de la turística isla de Mallorca, sólo hay silencio, un silencio que impresiona, paredes que no te permiten ver más que una delgada línea del cielo y rocas enormes que has de ir sorteando de la forma más correcta posible para no meterte en un problema… como parecía, es una buena aventura.

Lo estaba disfrutando. cada lugar que iba atravesando era un monumento de la Naturaleza, un regalo para la vista, y para el espíritu.

El calor era importante, pero tenía (al menos eso creía) suficiente, así que iba bebiendo, con frecuencia y comiendo algunos frutos secos.

En un momento escuché un ruido que no provenía de mis pasos, me causó sorpresa. El silencio había sido tal hasta ese momento, que se hacía raro escuchar algo allí abajo. Después de algún tiempo descubrí que se trataba de una cabra. Nos miramos extrañados antes de seguir cada uno por su lado.

Algunos pasos resultan algo expuestos. En la roca se han tallado algunas zonas de forma que esta fuese menos resbaladiza, pero había algunos saltos y pasos que deben hacerse con cuidado. También se ven algunas chapas y reuniones para colocar una cuerda, pero yo no llevaba (ni es necesaria si no hay agua).

Empezaba a notar algo el esfuerzo en las rodillas, y los efectos del calor. Había perdido la señal del GPS dado la estrechez del torrente, pero estimaba que iba a buen ritmo y que tardaría menos de 4 horas en completar el recorrido, pese a las paradas para hacer fotos.

Cuando llevaba algo más de 3 horas de ruta comencé a escuchar otro extraño sonido. Al cabo de unos minutos pude distinguir que eran conversaciones y alguien quejándose. Las quejas más tarde me parecieron lloros. No entendía las conversaciones pese a estar cada vez más cerca.

Al atravesar un angosto paso entre una gran roca y la pared me los encontré…

Se trataba de una familia de alemanes. Lo primero en lo que me fijé fue en una niña, de unos 15-16 años, con los ojos enrojecidos y llorando. Después vi a los padres, de unos cuarenta, y un niño, de una edad similar a su llorosa hermana y otra niña, más pequeña. Quizás de unos 12 años.

Traté de valorar rápido qué estaba ocurriendo. El padre parecía estar perfectamente, se le notaba deportista. La madre no estaba tan bien, parecía algo cansada. La niña mayor estaba claramente fuera de sí, con algún tipo de ataque de ansiedad o pánico y los otros dos niños parecían estar tranquilos, no sabía si cansados o no.

Comencé a hablar con ellos en inglés, para indagar sobre su situación. Me comentaron que hacía 6 horas que habían salido (en el recorrido que habían hecho yo había tardado unas 2), así que entendí que probablemente sí tenían un problema serio. Les pregunté si tenían agua y comida. Me dijeron que sí, mostrándome una botella con menos de un litro de agua. Imaginé que en realidad tampoco iban muy sobrados de comida. Creían estar a una hora del final de la ruta.

Pensé que tenían que comprender bien la situación y les comenté que estaban a un mínimo de dos horas de acabar, y manteniendo un ritmo aceptable de marcha. Al decirlo, la niña volvió a ponerse a llorar.

Les comenté que me gustaría acompañarles. Casi sin agua ni comida, cansados como se les veía, y con la niña en pánico, era imprescindible que les acompañase, pero preferí sugerírselo para que no se viesen demasiado presionados.

El padre pareció dudar, pero la madre le hizo un sutil gesto, y aceptaron mi propuesta.

En primer lugar me dirigía a la niña de los llantos y le dije que no se preocupase, que todo estaba bien, que aún habría que caminar algún tiempo, pero que no debía preocuparse. Le di agua y bebió. Creo que conseguí tranquilizarla ligeramente, ya que del llanto pasó a sólo gemidos. Se llamaba Lola.

Nos pusimos todos en marcha. En los tramos más complejos de orientación entre las piedras me ponía en primera posición, para buscar los mejores pasos. Cuando el tramo era sencillo me quedaba más atrás, principalmente con Lola o con la madre.

Los otros niños más pequeños, Felix y Hanna, no tenían el más mínimo problema y se desenvolvían perfectamente por las rocas, al igual que el padre, Carsten. Sin embargo, la madre, Utta, conforme avanzábamos estaba peor, extremadamente cansada. Era incapaz de caminar recto, tambaleándose, con los brazos caídos y el cuello encogido.

En un charca, tras una hora caminando, les dije que hiciésemos un descanso. Tras dar algo más de agua a los niños, obligué Utta a beberse todo el agua que me quedaba y a comer un sandwich y algunos frutos secos. Le mojé la cabeza y el cuello con una camiseta que llevaba de repuesto y descansó un poquito.

 

Familia al límite

Tuvimos suerte, ya que mejoró bastante su estado. Si no lo hubiese hecho no habría podido llegar al final del Torrent.

Aunque Lola seguía teniendo breves “ataques” de ansiedad, con lloros incluidos, le cogía de la mano y la llevaba un tramo así, hasta que se calmaba.

Unas dos horas después del encuentro, el cañón se abrió mucho más y vieron en el GPS (que hasta el momento no había sido capaz de situarse por lo estrecho del cañón) que ya estábamos cerca del final, eso les mejoró el ánimo. Lola incluso comenzó a sonreir…

Al volver un recodo nos encontramos con los primeros turistas, que se acercaban a ver algo del cañón. Uno de ellos era también alemán, e iba con un niño pequeño, de menos de 10 años. Entendí que le preguntaba al padre si se podía hacer la ruta con el niño… Creo que Carsten dijo que no.

El terreno pasó a ser de guijarros sueltos y finalmente vislumbramos el fin del Torrente, y mucha gente. ¡Habíamos llegado!

Lo primero que hicimos fue comprar agua. ¡Qué sed tenían!, bueno, en realidad, ¡Qué sed teníamos!.

Después de beber me acerqué a la parada del bus, y vi que el último había pasado ya hacía rato, así que llamé para pedir un taxi. Dado que iba a tardar al menos una hora, aprovechamos para comer algo en un chiringuito junto al mar.

Después de comer y beber los ánimos habían cambiado completamente, ya se les veía alegres y satisfechos de la aventura vivida.

Aunque no fue realmente un rescate, ya que sólo les di apoyo “psicológico” y seguridad para completar la ruta, tuvieron suerte de que pasase por allí, ya que sin agua ni comida en un día muy caluroso lo habrían pasado mucho peor.

Espero que aprendiesen la lección de que una aventura difícil hay que planificarla mucho mejor.

Cuando llegó el taxi nos despedimos como buenos amigos y me invitaron a visitarles en Berlín. Subí con el padre hasta mi coche y le llevé al suyo, que estaba al comienzo de la ruta, en Escorca.

Para acabar el día, me acerqué al próximo monasterio de Lluc, un bonito y tranquilo lugar que merece la pena visitar y disfrutar.

Monasterio de Lluc

Recomendaciones en la ruta:

  • Dejar el coche en el parking junto al restaurante de Escorca, en donde hay una parada del autobús. Ver previamente los horarios del autobús para regresar al coche (www.autocaresmallorca.com).
  • No hacer la ruta sin guía si no se tiene experiencia en la montaña. Puedes encontrarte en pasos complicados y la ruta en general es muy dura. (Aunque la duración estimada es de unas 4 horas, muchas personas tardan más de 8 horas en completarla). Son frecuentes los accidentes y rescates en este cañón.
  • No hacer la ruta si se prevé lluvia o si ha llovido en los últimos días.
  • Llevar botas de montaña.
  • Llevar agua muy abundante, y comida, incluidos frutos secos.
  • En el interior del cañón no funciona el GPS ni los móviles.
  • ¡Sé prudente!
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Acerca de ferzen

Me gusta la Naturaleza, hacer todo tipo de deportes en ella. El deporte para mí no es competición (a no ser como mejora personal, pero no de tiempo, ni de distancia, sino de espíritu). No se me ocurre mejor "estadio" para hacer deporte que la Naturaleza. Ver todas las entradas de ferzen

3 responses to “Rescate Psicológico en el Torrent de Pareis

  • wikichollos

    Dos años después de tu relato, he llegado a él 🙂

    Enhorabuena por tu aventura y contento de que todo saliese bien… Un saludo. Javier

  • Sofia

    Este año he estado en el Torrent de Pareis, és impresionantemente impresionante, y no exagero, te arriesgaste al ir solo, y no solo te fue bien, también pudiste ayudar a toda una familia. Vaya aventura! Felicidades. Sofia

  • Miquel Quirch Nuñez

    Felicitats pel blog, he descobert el Torrent d’en Pareis per unes fotos a Facebook, deseguida donen ganes d’aventurar-se però cal se prudents i planificar el que vols fer, felicitats per ajudar a les persones en aquella situació!! Miquel

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