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Rescate Psicológico en el Torrent de Pareis

Estaba en Mallorca, ilusionado con descender el Torrent de Pareis. Significaba adentrarme en una nueva zona natural por descubrir y, por lo que había leído, parecía ser toda una aventura. Me habían recomendado prudencia, pero en esta época del año (verano) no parecía ser necesario un equipamiento especial, ni cuerdas, así que preparé la mochila con agua y comida, un botiquín, la navaja, el gps y la cámara de fotos pequeña, alguna camisa de recambio y poco más. La buena o mala preparación de una ruta es la clave para disfrutarla o bien no poder completarla, cuando no algo más serio. Así que esperaba haberlo hecho bien.

Tenía un cierto respeto. Había leído que no conviene descender el Torrente sin un guía experimentado, y sólo en época estival, sin lluvia. Por lo visto todos los años hay incidentes y se han de realizar rescates. También me sorprendía que para hacer una ruta de sólo 8 Km. (y todos de bajada), la duración estimada fuese de 4 horas. Una media de 2 km/h en un descenso significa que iba a ser dura.

Otra cuestión a pensar era la logística, ya que el coche se deja en un punto y volver a él puede ser complicado. Ruth, que había hecho esta ruta unos meses, antes me comentó que había autobuses de regreso, pero sólo hasta una hora relativamente temprana, como las 5 o las 6 de la tarde. Debería haber revisado esta información, pero no lo hice. Pensé que, en el peor de los casos, podría hacer auto-stop de regreso hasta la carretera, por lo que dejé el coche en la unión de carretera principal de la Sierra con la bajada a Sa Calobra. Esto supondría hacer unos 3,5 kms adicionales, aproximadamente una hora más, pero me facilitaría el regreso.

Este recorrido inicial es por carretera. Aunque los coches no van deprisa, hay que tener cuidado con los autobuses, que llevan grandes cantidades de turistas a la cala de Sa Calobra, al final del Torrent. Desde allí, muchos toman un barco hasta el Puerto de Sóller, o viceversa.

Ya cerca del inicio de la ruta hay un mirador con una vista impresionante, desde el que se aprecia un gran corte en la montaña. Es la zona superior del Torrent. En un rato estaría allí abajo.

El cañón desde arriba

Corte del Torrent de Pareis, desde un mirador

En Escorca hay un cartel, un tanto deteriorado en el que se aprecian algunas advertencias de seguridad, como llevar agua suficiente por el peligro de deshidratación, o llevar neopreno en invierno. También se advierte de que la duración de la ruta es de unas 4-5 horas. Está bien este aviso, ya que es una última advertencia de no entrar en él si no se va bien preparado.

A los pocos minutos de cruzar la vaya, el camino comienza a bajar en las estribaciones del cañón. El descenso se realiza por un camino bien marcado y pedregoso. La inclinación se hace cada vez más pronunciada y el camino es un zigzagueo continuo hasta llegar al torrente. Debido al zig zag, hay posibilidades de “atajar” descendiendo verticalmente, pero eso no era demasiado bueno para mis rodillas, así que opté por evitarlo. Conforme vas descendiendo, el calor se va incrementando, debido a la altitud, a que va avanzando el día y a que el interior está protegido del viento.

 

La pendiente aumenta progresivamente, por lo que comenzaba a entender la baja velocidad media de 2 km/h. Aún así estaba contento porque me estaba acercando a buen ritmo a la base del torrente e imaginaba, equivocadamente, que a partir de ese momento la ruta sería mucho más sencilla, (hasta el momento estaba descendiendo una de las paredes del cañón, por lo que el torrente sería más sencillo). Acertaba en lo del ángulo de descenso, pero no sabía cuánto me equivocaba respecto a la complejidad, ya que lo difícil empieza allí abajo.

Descenso hacia el Torrent

El descenso es muy vertical, con múltiples "Zetas" en el camino

El cauce del Torrent parece fácil cuando llegas a la base, ya que la parte que aparece a la vista es llana y sin grandes piedras. Al girar a la izquierda, para adentrarte en él, las rocas que ves ya son mucho mayores. Es el comienzo de un sorprendente caos pétreo, que va ganando en belleza conforme te adentras en el cañón.

En esta zona el camino es aún fácil de seguir y transcurre a la izquierda del cauce, sorteando dificultades y atravesando una zona de vegetación alta, que nos lleva a la primera impresionante pared volada, causada por la erosión del torrente durante miles y miles de años.

No pasa mucho tiempo en el interior del cauce para que las paredes a derecha e izquierda se acerquen la una a la otra y se hagan más impresionantes, haciéndote sentir cada vez más pequeño, a la vez que el camino se vuelve difícil de seguir. Las marcas no siempre están claras y progresivamente hay que ir superando obstáculos de mayores dimensiones.

Después de un buen rato caminando por el lecho del río, miras atrás y piensas, mejor no tener que volver por ahí. Sigues adentrándote y la paredes, completamente verticales a izquierda y derecha te van sobrecogiendo y trasladando a otro mundo. No queda nada de la turística isla de Mallorca, sólo hay silencio, un silencio que impresiona, paredes que no te permiten ver más que una delgada línea del cielo y rocas enormes que has de ir sorteando de la forma más correcta posible para no meterte en un problema… como parecía, es una buena aventura.

Lo estaba disfrutando. cada lugar que iba atravesando era un monumento de la Naturaleza, un regalo para la vista, y para el espíritu.

El calor era importante, pero tenía (al menos eso creía) suficiente, así que iba bebiendo, con frecuencia y comiendo algunos frutos secos.

En un momento escuché un ruido que no provenía de mis pasos, me causó sorpresa. El silencio había sido tal hasta ese momento, que se hacía raro escuchar algo allí abajo. Después de algún tiempo descubrí que se trataba de una cabra. Nos miramos extrañados antes de seguir cada uno por su lado.

Algunos pasos resultan algo expuestos. En la roca se han tallado algunas zonas de forma que esta fuese menos resbaladiza, pero había algunos saltos y pasos que deben hacerse con cuidado. También se ven algunas chapas y reuniones para colocar una cuerda, pero yo no llevaba (ni es necesaria si no hay agua).

Empezaba a notar algo el esfuerzo en las rodillas, y los efectos del calor. Había perdido la señal del GPS dado la estrechez del torrente, pero estimaba que iba a buen ritmo y que tardaría menos de 4 horas en completar el recorrido, pese a las paradas para hacer fotos.

Cuando llevaba algo más de 3 horas de ruta comencé a escuchar otro extraño sonido. Al cabo de unos minutos pude distinguir que eran conversaciones y alguien quejándose. Las quejas más tarde me parecieron lloros. No entendía las conversaciones pese a estar cada vez más cerca.

Al atravesar un angosto paso entre una gran roca y la pared me los encontré…

Se trataba de una familia de alemanes. Lo primero en lo que me fijé fue en una niña, de unos 15-16 años, con los ojos enrojecidos y llorando. Después vi a los padres, de unos cuarenta, y un niño, de una edad similar a su llorosa hermana y otra niña, más pequeña. Quizás de unos 12 años.

Traté de valorar rápido qué estaba ocurriendo. El padre parecía estar perfectamente, se le notaba deportista. La madre no estaba tan bien, parecía algo cansada. La niña mayor estaba claramente fuera de sí, con algún tipo de ataque de ansiedad o pánico y los otros dos niños parecían estar tranquilos, no sabía si cansados o no.

Comencé a hablar con ellos en inglés, para indagar sobre su situación. Me comentaron que hacía 6 horas que habían salido (en el recorrido que habían hecho yo había tardado unas 2), así que entendí que probablemente sí tenían un problema serio. Les pregunté si tenían agua y comida. Me dijeron que sí, mostrándome una botella con menos de un litro de agua. Imaginé que en realidad tampoco iban muy sobrados de comida. Creían estar a una hora del final de la ruta.

Pensé que tenían que comprender bien la situación y les comenté que estaban a un mínimo de dos horas de acabar, y manteniendo un ritmo aceptable de marcha. Al decirlo, la niña volvió a ponerse a llorar.

Les comenté que me gustaría acompañarles. Casi sin agua ni comida, cansados como se les veía, y con la niña en pánico, era imprescindible que les acompañase, pero preferí sugerírselo para que no se viesen demasiado presionados.

El padre pareció dudar, pero la madre le hizo un sutil gesto, y aceptaron mi propuesta.

En primer lugar me dirigía a la niña de los llantos y le dije que no se preocupase, que todo estaba bien, que aún habría que caminar algún tiempo, pero que no debía preocuparse. Le di agua y bebió. Creo que conseguí tranquilizarla ligeramente, ya que del llanto pasó a sólo gemidos. Se llamaba Lola.

Nos pusimos todos en marcha. En los tramos más complejos de orientación entre las piedras me ponía en primera posición, para buscar los mejores pasos. Cuando el tramo era sencillo me quedaba más atrás, principalmente con Lola o con la madre.

Los otros niños más pequeños, Felix y Hanna, no tenían el más mínimo problema y se desenvolvían perfectamente por las rocas, al igual que el padre, Carsten. Sin embargo, la madre, Utta, conforme avanzábamos estaba peor, extremadamente cansada. Era incapaz de caminar recto, tambaleándose, con los brazos caídos y el cuello encogido.

En un charca, tras una hora caminando, les dije que hiciésemos un descanso. Tras dar algo más de agua a los niños, obligué Utta a beberse todo el agua que me quedaba y a comer un sandwich y algunos frutos secos. Le mojé la cabeza y el cuello con una camiseta que llevaba de repuesto y descansó un poquito.

 

Familia al límite

Tuvimos suerte, ya que mejoró bastante su estado. Si no lo hubiese hecho no habría podido llegar al final del Torrent.

Aunque Lola seguía teniendo breves “ataques” de ansiedad, con lloros incluidos, le cogía de la mano y la llevaba un tramo así, hasta que se calmaba.

Unas dos horas después del encuentro, el cañón se abrió mucho más y vieron en el GPS (que hasta el momento no había sido capaz de situarse por lo estrecho del cañón) que ya estábamos cerca del final, eso les mejoró el ánimo. Lola incluso comenzó a sonreir…

Al volver un recodo nos encontramos con los primeros turistas, que se acercaban a ver algo del cañón. Uno de ellos era también alemán, e iba con un niño pequeño, de menos de 10 años. Entendí que le preguntaba al padre si se podía hacer la ruta con el niño… Creo que Carsten dijo que no.

El terreno pasó a ser de guijarros sueltos y finalmente vislumbramos el fin del Torrente, y mucha gente. ¡Habíamos llegado!

Lo primero que hicimos fue comprar agua. ¡Qué sed tenían!, bueno, en realidad, ¡Qué sed teníamos!.

Después de beber me acerqué a la parada del bus, y vi que el último había pasado ya hacía rato, así que llamé para pedir un taxi. Dado que iba a tardar al menos una hora, aprovechamos para comer algo en un chiringuito junto al mar.

Después de comer y beber los ánimos habían cambiado completamente, ya se les veía alegres y satisfechos de la aventura vivida.

Aunque no fue realmente un rescate, ya que sólo les di apoyo “psicológico” y seguridad para completar la ruta, tuvieron suerte de que pasase por allí, ya que sin agua ni comida en un día muy caluroso lo habrían pasado mucho peor.

Espero que aprendiesen la lección de que una aventura difícil hay que planificarla mucho mejor.

Cuando llegó el taxi nos despedimos como buenos amigos y me invitaron a visitarles en Berlín. Subí con el padre hasta mi coche y le llevé al suyo, que estaba al comienzo de la ruta, en Escorca.

Para acabar el día, me acerqué al próximo monasterio de Lluc, un bonito y tranquilo lugar que merece la pena visitar y disfrutar.

Monasterio de Lluc

Recomendaciones en la ruta:

  • Dejar el coche en el parking junto al restaurante de Escorca, en donde hay una parada del autobús. Ver previamente los horarios del autobús para regresar al coche (www.autocaresmallorca.com).
  • No hacer la ruta sin guía si no se tiene experiencia en la montaña. Puedes encontrarte en pasos complicados y la ruta en general es muy dura. (Aunque la duración estimada es de unas 4 horas, muchas personas tardan más de 8 horas en completarla). Son frecuentes los accidentes y rescates en este cañón.
  • No hacer la ruta si se prevé lluvia o si ha llovido en los últimos días.
  • Llevar botas de montaña.
  • Llevar agua muy abundante, y comida, incluidos frutos secos.
  • En el interior del cañón no funciona el GPS ni los móviles.
  • ¡Sé prudente!
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Viaje al interior: la Cueva de las Palomas

Cuando haces algo nuevo para ti, algo que no sabes si podrás conseguir y que requerirá que des lo mejor de tus habilidades o capacidades, consigues mucho más de lo que te has propuesto. Habrás roto un límite mental. Cuantos más límites mentales rompas, en una dirección correcta, más te sorprenderás de quien eres. Da igual si lo que te propones es fácil o difícil para el resto de la gente, sólo importa lo que significa para ti.

Zona de entrada a la Cueva

Hacía años que me hablaban de una cueva en Mallorca, a la que se accedía  desde el mar, sumergiéndose en la entrada para pasar a una gran sala y que, conforme te ibas introduciendo en la cueva, se iban atravesando varios lagos con fantásticas formaciones de piedra. Incluso había versiones que decían que esta cueva no se había llegado a explorar del todo, lo cual incrementaba mi interés.
No coincidió la ocasión y no tuve la oportunidad de visitar esta cueva con mis padres y con nuestro amigo Mitus, que eran quienes conocían la situación y me habían hablado de ella en primer lugar. Así quedó este lugar guardado en la memoria, como una “aventura pendiente”. Hoy, por fin, 30 de octubre del 2010, unos veinte años después, he podido cumplir este pequeño sueño.

La oportunidad de pasar un par de días libres en Mallorca, tras un trabajo, me daban la posibilidad de buscar una buena ruta de cualquier tipo, de entre las muchas que ofrece esta isla. Por otro lado, hará algunas semanas, mi amiga Ruth me envió algunas fotos de una cueva que le había encantado durante un viaje a Mallorca. Lo que me contó de la cueva  coincidía perfectamente con la descripción que guardaba en mi cabeza, así que me interesé por los detalles y la posición exacta. ¡Gracias Ruth!

No tenía toda la equipación necesaria, así que ayer me acerqué a una tienda náutica para comprar una bolsa estanca y una linterna sumergible. La bolsa no fue demasiado problema, pero la linterna que me ofrecían era demasiado cara, al final terminé comprando una linterna mucho más sencilla, no sumergible, pero que iluminaba bastante bien, sobre todo para costar 7 €. Tenía un frontal (no sumergible) y quería una segunda linterna por seguridad (quedarte sin luz en una cueva grande puede suponer un problema serio). Hubiese sido mucho mejor la linterna sumergible que tenía en Altea, pero allí estaba, en Altea… También se me olvidaron las gafas de bucear, pero eso era mucho menos importante.
Por cuestión de trabajo y de equipaje en el avión, a última hora decidí no llevar la cámara grande de fotos, me valdría con la pequeña. Como suele ocurrir, me quedé sin batería y, casi sin cámara, dentro de la cueva.
Por la posición que me había dado Ruth, pude saber el nombre de la cueva y quise informarme lo más posible sobre las características de la visita. En absoluto soy un experto espeleólogo, ni tengo un buen equipo, así que mejor saber dónde me iba a meter. La cueva resultó llamarse Cova des Coloms (la cueva de las palomas).
Me desilusionó un poco ver que no era tan grande como la había creado en mi cabeza, gracias a los relatos del pasado. “Sólo” tenía 3 lagos y, en realidad no se trata de una cueva muy larga en distancia, pero distintas fuentes la calificaba como de gran interés por el número y la calidad de las formaciones que en ella se pueden encontrar.
Tras un buen desayuno en el Hilton Sa Torre, un fantástico hotel construido con la base de una típica posesión mallorquina, que a su vez se asentó sobre una antigua torre de defensa, inicié la aventura, con motivación y algo de respeto, ya que no sabía cómo estaría el mar en la entrada de la cueva. La previsión era de lluvia y viento.
Ya había visitado alguna cueva en la misma zona, por lo que sabía bien cómo llegar. Dejé el coche en el inicio de la ruta a pié, cargué la mochila con lo necesario y me puse a andar, por suerte por el momento no llovía. El camino desciende hasta cala Varques. En esta bonita cala hay otra cueva interesante, más pequeña, pero también bonita. Creo que se llama “La cueva del Pirata”. En verano hay gente que vive en la entrada de la misma, pero no hay problema para pasar y visitarla.
A la izquierda de la cala sale un camino de subida, que asciende y te lleva por el borde de un acantilado por el que suelen haber escaladores que aprovechan la profundidad de la cala para hacer escalada libre (sin cuerdas). Si se caen, lo que sucede habitualmente, caen directamente al mar. La altura es considerable, unos 20 metros. Me impresionó una escaladora en el acantilado, se tiró al mar sin pensárselo dos veces para iniciar la vía desde el agua. Os aseguro que 20 metros dan para que se te encoja el estómago si tienes que saltar.
Siguiendo el camino se llega a otra pequeña calita de aguas turquesas, esta sin playa de arena. Los escaladores habían colocado una cuerda atravesando la cala, a poca altura sobre el mar, para practicar el equiibrio como auténticos funanbulistas. También hay vías de escalada en esta zona.

Bordeando la cala se llega a otro espectáculo natural, un gran arco de piedra sobre el mar. El “puente” que forma es ancho, por lo que se atraviesa perfectamente sin riesgo alguno.

Algo más adelante se llega a los acantilados de Cala Falcó, estos aún más altos. El día estaba ya bastante gris.
¡Vaya! en la playa había un gran grupo de gente poniéndose los neoprenos para visitar la cueva. Eran 12 personas. Quería visitar la cueva con tranquilidad, sentir su energía y la absoluta tranquilidad que imaginaba en su interior. Hacerlo con un grupo tan numeroso sería perder gran parte de la magia del lugar, así que me dispuse a esperar un buen rato, tendrían que terminar de prepararse, nadar hasta la cueva, visitarla y salir. Es decir, mucho rato…
Me senté en el acantilado y difruté del mar, mirarlo y sentirlo sin tener nada que hacer. Al menos no llovía, y aún con algo de fresco, se estaba bien.
Primero ver las evoluciones del grupo en el agua, habría unos 250 metros desde la playa hasta la zona de la entrada a la cueva, y luego, aprovechar para meditar, escuchando el mar golpear sobre la roca.

Después de un rato abrí los ojos y ví una paloma justo en el borde del acantilado, mirando tranquilamente al mar, impasible ante mi presencia. Se trata de la Cueva de las Palomas y esta, lógicamente, debía estar en su casa.
No volví a ver ninguna otra paloma en la entrada, pero esta no se movió durante el tiempo que estuve esperando, ni siquiera al proseguir el camino, aunque pasé muy cerca de su lado.
No miré el reloj, pero más de una hora después, descendí hasta la cala y me comencé a preparame. Podía haber visitado la otra cueva que hay en esta cala, pero prefería ahorrar baterías de las linternas y la cámara.
Me puse en neopreno y guardé las cosas de valor y la cámara en la bolsa estanca. Me llevé también la ropa por si se ponía a llover que no se empapase todo.


Como una hora y media desde que el grupo se metió en el agua lo hacía yo. Por suerte, a medio camino de la parte acuática de la aventura, e grupo salió de la cueva, así que me los crucé nadando.

La bóveda que da paso a la cueva es enorme, con colores grises oscuros, el cielo completamente nublado y un poquito de mar, pero si no rolaba el viento no habría problemas para entrar y salir de la cueva.
Llegó el momento de la verdad… la grán bóveda daba paso a un pasadizo hacia la derecha, que se iba reduciendo progresivamente en tamaño, hasta que…
Se acababa!!!

Por lo que había leído, había un paso que dejaba unos 30cm de altura entre el agua y la roca. Suficiente para pasar sin tener que bucear. Eso, desde luego no estaba por ningún sitio. En una ola pude ver, durante un momento, una zona donde la cueva parecía continuar, y noté algo de corriente de aire. Lógicamente debía ser por allí. O bien no había leído bien la descripción de la cueva o bien, con la borrasca que se aproximaba, había bajado la presión y había subido algo el nivel del mar.
El problema era que no tenía linterna sumergible, me lamenté de no haber comprado la fantástica y carísima linterna que me ofrecieron en la tienda. ¿Podría continuar o todo acabaría ahí?
Con algo de oleaje e incertidumbre, abrí la bolsa estanca para sacar la linterna de leds. La apreté todo lo posible y me dispuse a pasar al otro lado. No tenía referencia del tiempo que debería bucear. Esperaba que no fuese mucho, ya que sin gafas, sin luz y teniendo que llevar en una mano la bolsa estanca, podía ser un poco agobiante.
Volví a cerrar la bolsa estanca como pude, y la pasé un poquito hacia adentro de la cueva aprovechando el vacío de una ola. Mi idea era no encender la linterna  e ir palpando el techo con las manos hasta que se abriese la bóveda de la cueva. Así lo hice y, por suerte, resultó muy sencillo, no habría más de medio metro, un instante, hasta que la cueva se abría por el interior. Encendí la linterna, que había sobrevivido, y ví a pocos metros una especie de playa de marmol, con bastantes algas, aún con el techo bajo. Tras esta zona de “desembarco”, apareció una sala que se iba ganando altura progresivamente.
Me dí cuenta de que la bolsa pesaba algo más que antes del proceso de “inmersión”, así que la abrí rápidamente e intenté sacar urgentemente la cámara, el frontal y el móvil. Por suerte todos ellos habían sobrevivido al agua que había entrado al no cerrar correctamente la bolsa. La cámara estaba bastante mojada, pero se encendió. Eso sí, la ropa que los protegía estaba empapada, bueno, un problema menor.


Comencé la ruta en el interior de la cueva. Sin ver demasiado el fondo de la sala (el frontal no daba para mucho), sí se veían algunas formaciones de roca con estalactictas que iban desde el techo al suelo, otras se quedaban cerca de este. Era la bienvenida . La sala resultó ser enorme, se hacía más ancha y elevada conforme se avanza por un suelo de arena. Algo más adelante de la misma sala, una magnífica formación central, unía el techo y el suelo.


Dejé allí la bolsa, aunque hubiese sido mejor dejarla en la entrada. El techo de esta sala está repleto de finísimas estalactitas, y muchas de ellas brillaban al iluminarlas, por lo que claramente continuaban en proceso de formación con el agua que se filtraba por la roca. El efecto era espectacular.
Las paredes están repletas de increíbles formas creadas por la naturaleza, miles y miles de estructuras que no sólo iban de arriba a abajo, sino que tenían delicadas formas que cecían perpendiculares a las estalactitas de las que partían, imagino que formadas por algún tipo de capilarización.


Ascendí algo por la formación central para admirarla de cerca. Tras hacer algunas fotos, la cámara se bloqueó, la perdí… El agua había sido demasiado para ella.
Había leído que era mejor iniciar la visita de la cueva por la izquierda, así que me dirgí hacia ese lado desde donde estaba. Busqué y ví una grieta que daba paso a un lago, pero estaba bastante abajo, el paso no era nada fácil. Había unos dos metros de caida hasta el agua, y si me bajaba por ahí había peligro de que dañase alguna estalactita, y no estaba dispuesto a eso. Así que volví hacia atrás y busqué otro paso.


Descendí desde la formación central por donde había subido y busqué otro paso hacia el lago. Estaba allí mismo, mucho más fácil. Me metí en el lago para avanzar por él. Era espectacular, tanto por las formas en sus paredes, como por las soprendentes formas que partían del agua hacia arriba, prueba de que durante cientos o miles de años la cueva existía, pero ese lago no estaba, así que o bien la cueva se inundó posteriormente por el ascenso del nivel del mar (que después volvió a bajar) o bien las filtraciones fueron llenando tanto este como el resto de lagos de la cueva.


Probé el agua y era bastante dulce, quizás algo de sal, pero muy poca. Tenía incluso buen sabor. Así que lo de la inundación de la cueva no me quedaba claro.
¡Qué rabia lo de la cámara de fotos!, me quedé admirando cada detalle. Quería moverme principalmente con el frontal y reservar la linterna de leds para los momentos que fuese más necesaria, ya que no sabía cuánto tiempo estaría en la cueva, y si no le habría entrado agua a la linterna, pero había tanto que ver, que casi todo el tiempo tenía las dos fuentes de luz encendidas.
Tras un estrecho paso entre dos estalagmitas, se accede a una zona algo más ancha y profunda del lago. Decidí, mientras nadaba, apagar todas las luces y quedarme completamente a oscuras y en silencio. Toda una sensación la de estar en la total oscuridad, sin referencias, flotando en el agua.

Para avanzar por la cueva hay que trepar por una rampa que hay a la izquierda, esto da paso al lago mayor de la cueva. Este está situado algo más alto que el anterior y es bastante mayor. Está en una cámara aún más grande y alta que la de la entrada y tiene también una zona central con grandes formaciones que van desde el techo al suelo. El techo tiene finas estalactitas por todas partes. Desde luego la cueva es espectacular.

Curiosamente, en relación al resto de la cueva, la pared izquierda, que delimita el lago, no tiene formaciones, pero sí una extraña ancha línea horizontal oscura que da toda la impresión de marcar un antiguo nivel del agua. Algo más de un metro por encima del nivel actual ¿A qué se deberá la diferencia de nivel?. ¡Hay tantas cosas que me gustaría entender en cada pequeño detalle!

Desde luego que la vida es un regalo, sobre todo si disfrutas de las cosas más pequeñas y sencillas. Probablemente es la mejor forma de valorar las más grandes.

El recorrido por este lago se hace también nadando en buena parte, y es semi ovalado, dando la vuelta a una gran gran estalactita que recuerda a la película “Alien”.
Tras recorrer el lago se sale a “tierra”. A cada paso hay mucho por admirar y disfrutar… Continuando el recorrido se llega al tercer lago, este más pequeño y algo menos espectacular si lo comparamos con los anteriores, pero también bonito.
A la salida del lago hay un paso estrecho que nos conducirá de nuevo a la sala inicial, pero llegando por el otro lado.
Al recoger la bolsa volví a probar la cámara y, sorprendentemente, volvió a la vida, por lo que decidí hacer una segunda “vuelta” a la cueva, y poder hacer algunas fotos.
En este caso la batería no duró demasiado, pero pude hacer alguna foto y video. En este segundo recorrido llegó una pareja de Alemanes, por lo que tuve un poco menos de tranquilidad en la cueva.
Para salir, volver a bucear un poquito y a salir nadando de la grieta, con el espíritu más lleno de belleza. Admirar con otros ojos la entrada de la cueva y nadar de nuevo hacia la playa, con el mar más picado que a la llegada.

Aún con la ropa mojada y el viento, los 40 minutos de regreso al coche fueron fantásticos, con la satisfacción de haber vivido una gran experiencia en el interior de la tierra, un regalo de la Naturaleza, y de haber roto otro límite.

Recomendaciones:

  • Llevar al menos dos linternas acuáticas.
  • Si las condiciones del mar son malas, no intentar acceder a la cueva.
  • Si estás mucho tiempo en la cueva, asegúrate de vez en cuando de que las condiciones del mar no cambian. Te podrías quedar atrapado en la misma.
  • Ten el máximo cuidado por no romper, ni siquiera tocar nada. Las múltiples visitas a la cueva suponen presión para la misma. A poco daño que haga cada persona, el daño sería muy importante.